Hace ya tiempo que me gusta quedarme más de tres o cuatro días en cada lugar y no andar corriendo de aquí para allá. Aunque en un primer momento no lo parezca, todo lugar tiene algo para descubrir.
Este fue un viaje lleno de mar, sol y música.
Llegué a Salvador el 24 de diciembre de 2023 en vuelo directo desde Buenos Aires, pese a que Salvador queda 400km más cerca de Rosario que de Buenos Aires.
Si hay algo que detesto es tener que ir hacia el sur para después ir al norte.
Me instalé 7 días en el barrio de Nazaré, en el Hostel da Residencia, pegado al Pelourinho y a dos calles de la estación de metro Campo da Pólvora.

El 31 de diciembre por la mañana fui a Boca do Rio, allí pasé la última noche del 2023 y la primera del 2024. Alquilé en “Kitinet Boca do Riu” por Airbnb, bien cerca del gran Parque dos Ventos (un kitinet es un espacio único con cocina y baño privado).
Y aquí la primera excepción, solo me quedé dos noches. Es que tenía un objetivo bien claro: cambiar de año en la “Virada Salvador” o réveillon.
Allí estaba el 31 de diciembre, cerveza en mano, quince minutos de fuegos artificiales desde dos sitios diferentes y la cuenta regresiva al 2024 por Ivete Sangalo que luego dió un recital inolvidable.
La noche del 1 de enero me deleité con la Familia Gil, Gilberto Gil, la gran Daniela Mercury…
Dos noches de mucho baile, rueda gigante y descanso, en Arena Daniela Mercury a orillas del mar.

Desde Boca do Rio fui a Itapoã. Allí me quedé 12 noches en el tranquilo y muy limpio “Maré Hostel”, a 200 metros del mar y del Faro de Itapuã. El barrio de Salvador eternizado en los versos del gran Vinícius de Moraes con la canción himno “Tarde em Itapoã”. ¡A escucharla si no la conocen!
Dos de esas doce noches volví al Pelourinho, aprovechando un regalo de una noche gratis en “Hostel da Residencia” por el Lavagem do Bonfim, la gran y masiva caminata desde Basílica Santuário Nossa Senhora da Conceição da Praia hasta la mítica Basílica do Senhor do Bonfim que se realiza el segundo jueves de enero.

Finalmente desde Itapoã fui a Barra, allí estuve en el “tenebroso”- como dicen los brasileños- “Salvador Surf Hostel” que lo único que tenía bueno era la vista al mar desde lo alto de mi cama cucheta y la ubicación a metros del Farol da Barra.
Los invito a ver mi comentario sobre este alojamiento en la página de Booking.com.
En cada sitio en que me alojé conocí otros, sobre los que les contaré en otra entrada.
Cerveza, iglesias, historia, playas transparentes, música, sabores, largas caminatas, sol y nuevos amigos de los hostels, fueron mis inolvidables acompañantes durante este mes “verdeamarelo» en Salvador de Bahía.
Escrito el 29 de enero de 2024.
