“Me había olvidado de contar, que después de ver todo en la Galería de los Uffizi, me comí algo en un bar. Sentadita, dibujaba lo que veía desde la ventana en una servilleta: el campanile y la cúpula. Una pareja se sentó en mi mesa porque no había lugar y de golpe una catarata de Coca Cola cayó sobre mí, mi dibujo y sobre el flash. Resultado: mi dibujo se lo llevó la moza y el flash hasta ahora no anda. Prende, pero no hace ¡flash!. Si no es A, es B”.
Diario de viaje, Florencia, Italia, viernes 30 de diciembre de 1994
