The LaSalle Bank Chicago Marathon 2007

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Domingo 7 de Octubre de 2007

La Maratón de Chicago del 2007 fue mi primera carrera en el exterior. También fue la primera vez que estuve en Chicago, ciudad que hoy, puedo decir, me ha enamorado. Llegué a la Maratón de Chicago cuando esta ya formaba parte de las maratones «majors», pero aún no tenía sorteo para entrar y poder ser parte. Las grandes maratones (World Marathon Majors) hoy son seis: Boston, Londres, Berlín, Chicago, Nueva York y Tokio. Me inscribí, luego de darme cuenta que en el 2007, yo iba a cumplir 42 años y sentí dentro mío que tenía que festejarlo a toda orquesta, corriendo 42.195 km una vez más y viajando también, para conocer nuevas ciudades. 

Retiré el kit en el inmenso palacio de exposiciones Mc Cormick Place. Cientos de marcas regalaban de todo como publicidad, exponían y vendían sus productos. Todo era nuevo y novedoso para mí y para mis amigas que no son maratonistas. 

Ya han pasado muchos años de esta gran experiencia. 

En Octubre, por lo general, hace frío en Chicago, pero ese 7 de Octubre de 2007 el calor secuestraría la ciudad y a todos los maratonistas, de manera histórica. Ya al salir del hostel donde me alojé junto mis amigas de la facultad, el calor era agobiante ¡y recién eran las 7 de la mañana! Volví al hostel a cortar las mangas de mi camiseta de Rosario Central, que con toda gentileza me había obsequiado el club. Mangas largas para el frío, le solicité al club en mi carta. 

Corrí bien hasta el km 21, en el tiempo que había planeado, pero veía a mi lado muchos participantes caminando, sentados en el piso, rojos de calor. El agua no me refrescaba, tomaba mucha en cada largo y organizado puesto. Escuchaba muchas sirenas. No recuerdo bien en que momento, muchos policías y voluntarios nos decían algo en ingles que yo no comprendía. Las bocas de agua para los bomberos, en muchas esquinas estaban abiertas para que obligadamente recibiéramos agua desde arriba. Cada vez más calor. Cada vez más caminantes. A medida que pasaba el tiempo, en mis pantorrillas empezaba a sentir como mordiscos, tomaba agua, caminaba, trotaba, mordiscos, más calor. El sol brillaba como nunca y el agua parecía evaporarse cada vez que la bebía. Muchos corredores elongaban sus piernas y sufrían sus calambres. Otros tantos estaban acostados ayudados por el público, voluntarios o médicos. En el tramo final, veía en las gradas que poco público soportaba el sol y el calor. Las sirenas seguían sonando.

Y así llegué a la meta, trotando y caminando, con las pantorrillas siempre al borde de los calambres, tirándome mucha agua cada vez que encontraba un puesto de hidratación.

Falso verano en la maratón de Chicago en 2007.

Recuerdo que me dieron una bolsa de hielo para la cabeza. Me colgaron al cuello una medalla hermosa, pero el calor todo lo derretía. Mis amigas no estaban en la llegada. Me buscaban preocupadas, ellas si sabían que la maratón se había suspendido a las dos horas de largada, por el calor… porque la organización no daba abasto, atendiendo corredores por las calles y llevando a muchos a los hospitales. Yo no sabía nada. Con mi medalla, me senté contra un alambrado, bajo la sombra. Nos mirábamos con otro corredor sin poder decir nada y diciéndonos todo. Estábamos exhaustos con la medalla al cuello. Volviendo al hostel, me encontré con mis amigas que me gritaban: “¡Llegaste, llegaste!». Nos abrazamos, festejamos y ahí me contaron todo lo que ellas habían visto desde afuera. Yo no lo podía creer. Las sirenas eran de las ambulancias. Un maratonista había muerto. 

Chicago 2007 fue una de las ediciones en que menos corredores llegaron a la meta, debido al calor y a la decisión de la organización de suspender la prueba.

La famosa revista Runners World escribió al año siguiente, una nota sobre lo que había sucedido ese día. Litros y litros de tinta se escribieron por esos tiempos: https://www.runnersworld.com/races-places/a20851594/2007-chicago-marathon-melt-down/

También el New York Times escribía al otro día lo siguiente: https://www.nytimes.com/2007/10/08/us/08chicago.html

Y el diario local, que el lunes publica a todos los maratonistas que llegan a la meta, escribía: https://www.chicagotribune.com/hoy/ct-hoy-8037783-muerte-y-vida-en-el-maraton-de-chicago-story.html

Al día siguiente de la carrera, en estas grandes maratones, se acostumbra andar por la calle con la medalla al cuello. Mucha gente te saluda y te sonríe. Algunos te preguntan de dónde venís. Al entrar a un negocio un vendedor se acercó y me dijo: «Tu eres una sobreviviente de Chicago, felicitaciones», mientras otros empleados se acercaban también a felicitarme y ver la medalla.

Con el paso del tiempo, esta dura carrera me dejó en claro que puedo superar obstáculos impensados, en este caso, el excesivo calor. Luego en 2016, en Rosario, me enfrentaría al frío… pero esa es otra historia.

medalla maratón Chicago 2007
Mi primera carrera fuera de Argentina. El festejo de mis 42 años. Mi carrera 107.

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