Siempre había leído en revistas especializadas y en las redes sociales sobre esta carrera de Madrid, la capital de España. En Diciembre de 2017, con motivo de mi viaje a varias ciudades de España que aún no conocía y a Marruecos, decidí organizarme para poder correrla y de paso pasar año nuevo en otra ciudad. En el año 1964, uno antes de que yo naciera, Antonio Sabugueiro y varios amigos, pensaron la San Silvestre Vallecana que cada año recibe cerca de 40.000 corredores. Muchos grandes corredores han participado a lo largo de tantos años, como Kiplimo, la genial Radcliffe, Hurtado, Kipchoge y la keniata Brigid Kosgei (actual récord mundial en maratón Chicago 2019), con quien me tomaría una foto en el Hilton Chicago unos años después.

El kit de corredor que contenía la camiseta-dorsal, lo retiré en un centro comercial sobre el Paseo de la Castellana, “ABC Serrano”, bien cerca de la estación de metro Rubén Darío. El kit se retira en día y horario previamente acordado cuando uno se inscribe de manera on line. Mi camiseta-dorsal color celeste y de mangas largas tenía el número 10259. Esta carrera tiene una San Silvestre mini para niños. Una curiosidad es que si uno quiere ropa para abrigarse finalizada la carrera, debe llevarla antes, cerca de la estación de metro Portazgo y del Estadio de Vallecas, en el barrio del mismo nombre, donde termina la carrera. El día de la competencia estuvo frío, nublado y lluvioso. Desde mi hostel, fui al Estadio Santiago Bernabéu en un subte atestado de felices corredores. Me vestí con calzas largas, mi camiseta de Rosario Central, la de la carrera, una camiseta vieja para tirar, una bolsa de residuos para protegerme del frío y la lluvia y un saco de la mamá de mi amiga Ana María, que dejaría colgado en las vallas bien empezada la carrera. Es habitual que en algunas carreras, los participantes dejen en la largada ropa en las vallas y por el piso. Por lo general esa ropa es juntada por los organizadores y destinada a entidades benéficas. Hoy, cuando recuerdo esto mientras escribo, no dudo en pensar lo bien que me vino ese saco para esperar abrigada, durante un largo rato, la largada.







Un gran escenario con locutores que están como alterados gritando y anunciando que “vallecana sólo hay una”, se levanta a la izquierda de la largada. También hay una pantalla gigante, que con el paso de los minutos, al hacerse de noche, se ve cada vez mejor. Muchos corredores van muy bien disfrazados, todo es una verdadera fiesta, con música y espectadores en las calles. La largada es por corrales según la marca de tiempo de cada corredor. Muchos papelitos de colores vuelan por el aire. Cuando yo largué no llovía. Todo se ubica sobre la Avenida Concha Espina con el gigante estadio de fútbol a la derecha. Recuerdo la calle Serrano llena de gente y la Puerta de Alcalá, con luces colgando de sus arcadas. La calle Alcalá tenía un techo de luces de colores azules. Todo iluminado increíblemente, hasta los árboles. Es una carrera bárbara. Esta fiesta de 10 kilómetros tiene sus últimos 3 kilómetros en subida, en el barrio de Vallecas, pero uno está tan contento que no se da cuenta. Aquí muchos niños con sus manos en alto esperan que los corredores los saludemos.







A metros del final y de manera casual veo a mis amigos Ana María, su marido Javier y su hermana Liliana. Me desvié a saludarlos en el último día del año y a agradecerles tanto cariño en mi llegada a Madrid. Cruzar la meta es siempre una gran experiencia. Al final te dan una bolsa con agua, bebida deportiva y una barra de cereal. En esta carrera no hay medalla. Luego de una larga caminata se llega al guardarropas, donde la atención es rápida. Camino al metro Portazgo me dieron una entrada para ingresar al estadio del Rayo Vallecano y aproveché para conocer el pequeño estadio que estaba con algo de público en las tribunas y las luces encendidas. Los corredores de élite tienen su final separado de los corredores populares, como nos dicen en España. En este caso terminan su carrera dentro del estadio.


Una gran experiencia. A la vuelta me volví en metro al hostel, pero ahora, si bien iban muchos corredores excitados, también viajaba mucha gente elegantemente vestida que iba a sus fiestas de fin de año. El metro olía a endorfinas de la felicidad mezcladas con ricos perfumes en este 31 de diciembre de 2017. Una carrera imperdible que abre su inscripción a mediados de septiembre y ahora doy fe que “vallecana sólo hay una” y es maravillosa.
Su página web es : https://www.sansilvestrevallecana.com/ y en este 2020 se realiza de manera virtual, debido a la pandemia de Covid 2019 que pareciera no terminar más.
