“Mi despertar fue escuchando a los japoneses y al vigilante echándolos de las poltronas. Justo Daniel se había ido. Sandwich en cubierta, café en el bar del barco. Brindisi está cada vez más cerca. Casi todos los jóvenes escriben sus diarios. Leo lo que ya pasé y me gusta volver a recordarlo. ¡Cómo se olvida una de las cosas!.
Hoy me desperté y salí a cubierta. ¡Qué sensación especial! Esto de andar por el mar sin saber por qué lugar, es alucinante… medio dormida… perdida por el mundo, un día de semana, a cualquier hora, con el viento en la cara mirando vaya a saber hacia qué lugar.”
Diario de viaje, en el barco Patras-Brindisi, lunes 23 de enero de 1995
