Laguna de Cuicocha

“Son las 19 pasadas y ya estamos en el hostel, cansadas pero felices. Hoy también nos levantamos a las 7:30 horas, desayunamos fuerte y nos fuimos a la terminal de buses, a tomar el colectivo a Quiroga. Luego, recién bajadas en el pueblo, un hombre nos invitó a su camión para ir a la hostería de la Laguna de Cuicocha por un dólar. Fuimos en el camión junto a dos franceses, un catalán y una chica de Costa Rica al sector de donde se parte para hacer la caminata alrededor de la Laguna. La vuelta a la laguna más la llegada a la hostería dura 5 horas. El circuito tiene varias subidas importantes, varias buenas bajadas escalonadas y unas vistas, de los dos islotes que están dentro de la laguna, excepcionales. Un islote es más pequeño que el otro, tanto en tamaño como en altura y están separados entre sí por un angosto paso. Por momentos la laguna no se ve, ya sea porque uno anda entre nubes o porque el camino hace que uno se aleje y se meta en las montañas. Es impactante ver dónde uno camina. Al principio se tienen a la derecha, vistas grandiosas de montañas, sembrados, poblados y algunos caminos y a la izquierda, el lago con sus dos islas y un espejo o un vidrio de agua. Solo el viento cambia por momentos la textura del lago o a veces el paso de una lancha con turistas que sale desde la hostería. Es maravillosa la vista cuando uno puede ver los dos islotes separados y al fondo el sector de la hostería y centro de interpretación. Unos pinos, unos alambrados y detrás algunas vacas y un camino ya anuncian el final de la vuelta al lago. Desde ahí se va por ”la pana”, la Panamericana, al sector de la hostería. A pocos kilómetros el hombre del camión nos levantó y fuimos a buscar al catalán y su novia de Costa Rica y todos fuimos al sector de la hostería desde donde volvimos a Quiroga por otro dólar cada uno.”

Diario de viaje, Otavalo, Ecuador, domingo 5 de enero de 2014

Laguna de Cuicocha, Ecuador

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