«En Sankt Pauli había una especie de festival. Esta zona es una mezcla de Times Square con no sé qué. Había un gran escenario que parecía permanente y puestos de venta de bebidas. Me quedé bastante tiempo frente al escenario escuchando a los alemanes cantar. Cantaban canciones donde nombraban Sankt Pauli. Me tomé una botellita de cerveza Astra por tres euros. Un muchacho joven sacaba fotos y bailaba en patas. Otro tenía muchos tatuajes, pins, aros y cosas extrañas en todo su cuerpo. El ambiente era muy tranquilo y relajado.»
Diario de viaje. Escrito en el tren Hamburgo – Lübeck, jueves 4 de Octubre de 2018.

