Visité este maravilloso lugar en 2018, en mi viaje a España y Marruecos. Sacromonte está ubicado en Granada, en la región de Andalucía: cuna del Flamenco. Y El Sacromonte es el corazón flamenco de Granada.
Una mañana, luego de desayunar fuerte, salí caminando hacia ese lugar. El sitio tiene muchas casas cuevas y esta situado en el Barranco de los Negros desde donde hay buenas vistas de la Alhambra que se encuentra enfrente, cruzando el Río Darro. Uno de los primeros sitios que uno ve al meterse en el Camino del Sacromonte es la Casa del Chapiz, una casa morisca del siglo XIV, con dos patios, uno de estilo morisco granadino y otro similar al de los palacios nazaríes. La casa, de notable valor artístico, tiene un jardín extenso y bello en longitud, desde donde las vistas de la Alhambra y el Generalife son magníficas.
Sacromonte tiene muchos miradores y veredas angostas. Caminando y sin esperarlo, encontré el Museo de la Zambra. Zambra quiere decir fiesta. Fiesta de los moriscos. En esta cueva llamada Cueva de Curro, pasaron muchas cosas y fue albergue de famosos cantantes. Un hombre alto, rubio, de ojos celestes y voz rugosa, me recibió muy amablemente. Era Curro Albaicín, un cantaor, un representante fiel del pasado de los cantaores, guitarristas y bailaores del Sacromonte. Entrando, hacia la izquierda una cocina y a la derecha el dormitorio. No existen las puertas, solo arcos con columnas dividen los espacios. Las paredes de la cueva están revestidas con cientos de fotos enmarcadas, de él rodeado de grandes personalidades, muy famosas, como actores y reyes de todo el mundo. Lo vi con actores norteamericanos, con Michelle Obama, con los Reyes de España por ejemplo.
Al contarle de donde era, el señor Curro, muy amable, que lleva muy bien sus 70 y robustos años, me dijo: “¡En 1913 cantantes del Sacromonte fueron al Santa Fe de Rosario!”. Según me contó, él vive ahí. Todos los muebles están pintados de azul, el azul que días más tarde vería en Marruecos. Muchos platos decorados, muchas pinturas y retratos de este famoso artista, habitan la cueva junto a muchas ollas y cacerolas de cobre. Hay guitarras y vestidos gitanos. Me despedí de Curro pidiéndole que pose para mi en la entrada de su cueva, a lo que accedió muy alegremente.

Calles vacías y silenciosas, con los muros pintados de blanco y con zócalos de azul en algunos casos. Caminar por este barrio es una delicia. Las calles son de canto rodado y hay muchos faroles, escaleras y plantas de romero, que cada tanto tocaba para llenar mis manos con su olor.
Hay que visitar el Museo Cuevas del Sacromonte, donde es posible conocer 11 cuevas que nos enseñan la vida cotidiana de quienes habitaron esos sitios. La página oficial: http://sacromontegranada.com/museo, nos cuenta que las cuevas son las viviendas habituales del Sacromonte, su origen no está muy claro, debiendo haberse construido a partir del Siglo XVI cuando la población musulmana, judía, fue expulsada de sus viviendas y a éstos se les unieron los gitanos, de costumbres nómadas. El museo recrea la cueva-vivienda, la cocina y los oficios tradicionales: telar, cestería, fragua y cerámica.
Muchas de estas casas-cuevas hoy se usan como bares y para zambras. El tránsito vehicular es complicado en la zona. Es inevitable encontrarse con la “Fuente de la amapola”. Esta fuente, pintada de verde tiene un pequeño muro con un cerámico con un hermoso escrito que dice así: “Cuánto me gustaría, ser la fuente de mi barrio, pa cuando pases y bebas, sentir muy cerca tus labios”.

Camino a la gigantesca Abadía del Sacromonte hay una casa que llama la atención. Todas sus paredes que dan a la calle tienen muchas macetas, platos, azulejos y escritos. Hubo uno que me encantó y es este: “El día que yo nací, cantaron todas las flores y en la pila baustismal, cantaron los ruiseñores”.

Se accede a la Abadía, que data del siglo XVII, a lo largo de un sinuoso camino, las famosas Siete Cuestas, que son bastante empinadas y donde hoy residen religiosos. La Abadía está en el Monte Valparaíso. Cuando llegué, caminando siempre en ascenso, no había absolutamente nadie, solo la Abadía, el silencio y yo. Si bien la Abadía estaba cerrada, pude disfrutar sus minimalistas fachadas de piedra y unas excelentes vistas desde lo alto.
A quienes vengan a Granada, les recomiendo especialmente visitar este mágico barrio: Sacromonte.



















