El boleto solo decía bocadillo

“Ahora son las 18:42,  yo escribo en medio de turbulencias, Luciana lee el libro “Las venas abiertas de América latina” y un olorcito lindo sale desde detrás del avión. Las azafatas preparan el lunch. Abajo un colchón de nubes blancas y grises nos sostienen. Si hay algo bueno del vuelo de TAME es la comida. El boleto solo decía bocadillo. Pero nos dieron tallarines con salsa verde, una ensaladita y una galletita triple de postre con algún dulce entre capas. Luego de dormir un rato, ver el atardecer a nuestra izquiera, ver aparecer la luna por sobre el ala del avion, luego de ver rayos a lo lejos de color rosa violaceo que esculpian las nubes con formas abultadas, nos dieron una sandwich grande y una ensalada de frutas. Ambas comidas con agua, gaseosa, jugo o café. Nada que ver con mi vuelo a París en abril de 2013, donde me quedé con hambre y me salvó un sandwich que yo tenía. Luciana duerme cada vez que puede y su mochila me hace reír, apenas la abre sale el caño del snorkel y empanadas y turrones y comida y bolsas y de todo.”

 Diario de viaje, en el avión, viaje a Quito, Ecuador, jueves 2 de enero de 2014.

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