“Me tomé un bus a Guimarães que es Patrimonio Mundial de la Humanidad y me encantó. Desde la estación caminé hasta la Colina Sagrada y hoy domingo, la entrada era gratis al Paço dos Duques de Bragança (Palacio de los Duques de Braganza). La construcción, maciza de piedra, tiene unos super extraordinarios techos de castaño en las dos habitaciones más grandes: el salón de los banquetes y el salón noble, donde se hacían los bailes. Me encantaron los gigantescos tapices de Pastrana.
Fui a lo que queda del Castelo do Guimarães (siglo X) de la rica condesa Mumadona. Aquí también está la pequeña iglesia de São Miguel do Castelo donde habría sido bautizado Alfonso Henriques, el primer rey de Portugal.
Las murallas de la ciudad bordean una calle bien recta desde donde nace, como en un nudo una avenida bien ajardinada que remata con la Iglesia De Sao Gualter, el patrono de Guimaraes. Cuando entré a ella, no estoy segura de si había un velorio o algo así porque realmente había mucha gente.
Desde ese nudo de calles se llega a Alameda de São Dâmaso y Jardim Público da Alameda, lleno de bancos con gente, árboles y simpáticas fuentes. Todo termina en el largo do Toural con la Iglesia y una “pared” pareja de construcciones similares muy hermosa y una bella fuente. Cerca de esa fuente hay un pedazo de muralla con el escrito “Aqui Nasceu Portugal”.
Anduve mucho porque me encantó esta ciudad y el tren salió para Porto a las 17:48 horas. Puede ver, camino de vuelta a la estación, el Largo de Toural otra vez con sus luces encendidas, los adornos de las fiestas en la calle Largo da Misericordia. Había un gigantesco árbol de navidad. El viaje de vuelta a Porto duró una hora diez y al llegar, si bien estaba muy cansada, caminé a ver el Ponte Luis I, el río Duero, Vila Nova de Gaia y la luna llena en la noche.”
Diario de viaje, Porto, Portugal, domingo 4 de enero de 2015
