“Medalla al cuello. Estoy sentada a orillas del río, a mi derecha Dearborn Street, su puente, las dos torres redondas, otra negra muy Mies van der Rohe y la Trump Tower. Llueve. A mi izquierda el puente y Clack Street, enfrente “RPM Seafood», luego “320 River bar» y un cartel vertical “House of Blues”. He dibujado mientras tres muchachos que parecen hindúes comían sentados (como yo) en las escaleras del bar Giordano’s que está detrás nuestro. Ayer fue el maratón. Me ha ido muy bien. El clima fue muy variado a lo largo de la competencia, garúa fina, humedad, calor, siempre nublado y hasta viento. Pasan los barcos sobre el Río Chicago. Se ha largado a llover fuerte. Son lloviznas que duran poco. Siempre fui consciente del recorrido del maratón. El griterío de la gente es ensordecedor, así como la música y todo lo que pasa alrededor. Los carteles son fabulosos. RUN BITCH!. Las familias visten camisetas iguales hechas para el maratón, mientras esperan a su corredor favorito. Es emocionante sentir los gritos de los espectadores cuando ven a su ser querido. Así mismo muchos maratonistas se salen de su carril y van a abrazarse con sus conocidos. Es muy conmovedor. El silencio en pocas calles me descansa la mente y me escucho respirar. Aunque muchas veces logré mentalmente alejarme del exterior y correr muy concentrada. Como siempre, fui con un ritmo parejo al principio y me caí al final cuando ya faltaba menos. Ahí mi cuerpo responde menos pero mi mente se fortalece. Recuerdo el segundo puesto de esponjas con agua en el que tomé una y como un boxeador que sale al round final, me auto reaccioné mojándome la cara, el cuello y la cabeza. No era el round final pero sí los 7 kilómetros finales. Qué consciente fui de ese momento, todo estaba por ser pero todavía no había sido. La gente es espectacular, todos somos sus estrellas. El público enloquece y grita cuando ve a corredores caminando. Amo a la gente en las calles de Chicago en su maratón. 4 horas 22 minutos 11 segundos no es mal tiempo para mi que venía a buscar mi maratón número 20 y lo logré. En el tramo final, no había tribunas, ni público y eso fue una pena. Al menos tengo su recuerdo de 2007 y 2019. Me tomé las cervezas, disfruté un poco de música y aproveché unos masajes extraordinarios en Biofreeze, que tiene también unos puestos con masajistas que usan desinflamantes en spray o crema en el recorrido del maratón. Había un puesto de “The Extra Mile” de Abbott donde regalaban de todo. Me volví contenta por Michigan Avenue y tomé un baño hermoso. Qué lío de cosas tengo en la cama. He ordenado un poco. Los muchachos hindúes se van. Mientras escribo, una hermosa música viene del bar. Ha parado de llover. Me voy a caminar otro rato. 15:58 horas.”
Diario de viaje, Chicago, Estados Unidos, lunes 11 de octubre de 2021.
