“El martes amaneció fresco pero con un cielo bien azul. Desayunamos y nos fuimos a caminar tranquilas al Loop hasta las 12:00 horas. Sigo impactada por la higiene de las calles de esta ciudad, la amabilidad de la gente y la cortesía de los conductores de autos. El día que fuimos a comprar los boletos a Greyhound, bajamos a la calzada para cruzar y a nuestra izquierda había cerca de diez autos que parecían estacionados. Una mujer negra y gorda, agente de tránsito, nos pegó unos gritos y con señas nos dio indicaciones. Debíamos subir a la vereda. Los autos no estaban estacionados, estaban esperando a que subieramos a la vereda. Nadie nos insultó y nadie tocó la bocina. Fue genial.”
Diario de viaje, Chicago, Estados Unidos, martes 9 de octubre de 2007
