Muchas subidas y muchas bajadas

“Me levanté a las 05:30 horas y desayuné rápido. Fui al Hilton a tomar el bus, era uno escolar amarillo (típico de acá y de Chicago) que nos llevaría a la largada a las 06:30 horas. Como más o menos sabía el recorrido, empecé a ver que había muchas subidas y muchas bajadas. Una vez en la zona de largada todos nos metimos en el hall de un gran edificio. Era de noche y hacía frío. Ahí donde nos dejó el bus, al lado de un centro para las artes, estaban ubicados dos camiones gigantes que servían de guardarropa. Para pasar el rato hasta el momento de la largada y no tener frío, me puse un buzo para tirar y la bolsa azul de la maratón de Rosario. Según un reloj que vi hacía 10 °C. Todo listo para la largada. Cinco minutos antes, una mujer entonaba el himno nacional canadiense. Escuché atentamente y me parecía que desentonaba. Efectivamente. Los canadienses se tomaban la cabeza y reían. Una chica que hablaba español, desesperada, me dijo que el himno es hermoso, pero no cantado por esta mujer. Antes me había puesto a bailar Dancing Queen de Abba. Acá también, como en Chicago, pusieron una canción elegida por los maratonistas. Buena largada. Dejé mi bolsa plástica de abrigo en un poste de algo. En el kilómetro 4 una subida impresionante de setecientos metros de largo no me dejaba ver los edificios altos de Toronto. ¡My God! Subidas. Bajadas. Todo OK. Otra subida grande en el kilómetro 9. La carrera iba por un camino rodeado de mucha vegetación y con muchos puentes. Silencio total. Solo se sentían nuestros pasos. En los dos últimos kilómetros era donde más público había, gritando con carteles y muchos tenían campanas. Una vuelta al Queen Park y FINISH. Muy bien la hidratación. Un corredor me gritó “Argentina” y otro “Grande Rosario Central” (este era un porteño que vive acá). Me sacaron el chip, esta vez me lo había colocado sobre la zapatilla con un hilo plástico. La medalla de la Media Maratón de Toronto es hermosa, con una cinta de la bandera de Canadá. Había una carpa con roscas, bananas y naranjas. Estaba muy contenta. Me dieron una capa térmica. Los bolsos de los corredores estaban ordenados por números de a grupos. Los voluntarios miran tu dorsal y te lo entregan. Muy buena organización. Me fui feliz al hostel caminando. Un policía me indicó cómo llegar.”

Diario de viaje, Toronto , Canadá, domingo 10 de octubre de 2007.

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