“Salí 9:30 horas en busca de las famosas curtidurías de cuero de Fez y caí en una plaza donde un joven atento se ofreció a llevarme, sin pedir nada a cambio según dijo, a la zona de las tiendas. Pero yo sabía que no era así. Llegamos y entramos a una curtiduría. Las tiendas de cuero tienen varios pisos en altura, con terrazas desde donde los turistas observarán encantados todo el espectáculo y sacarán miles de fotos. Un poco de menta para el olor, escaleras y unas vistas maravillosas, es más folklórico que otra cosa. Otro señor, me explicó apurado que se usa cal, caca de paloma porque tiene amoníaco y cúrcuma para teñir de amarillo. Yo miraba sin prisa. El espectáculo es deliciosamente maravilloso. Muchos grupos de turistas iban llegando y se iban yendo. Cuando termino de mirar, el señor me enseña productos, pero yo no quería nada y entonces pareció enojarse. Problema suyo. El otro joven, el que me trajo, me llevó de nuevo a la plaza donde me encontró. Le di 40 Dirhams e hizo un espectáculo como ofendido, como queriendo romper los billetes. Le grité, que me había dicho que me acompañaba y entonces yo también me puse a actuar. Listo, yo había visto las curtidurías y él no sé, que Allah lo cuide. Lo cierto es que es difícil llegar a las curtidurías, son muchos recovecos y pasadizos. Algunos Dirhams hay que dejar, por supuesto y vale la pena verdaderamente, pero han hecho de esto un verdadero negocio.”
Diario de viaje, Fez, Marruecos, sábado 20 de enero de 2018 -1439 año musulmán.

