“Luego de un viaje de 45 minutos en Metro desde el Aeropuerto hasta Campo da Pólvora, encontré sin problemas el hostel mientras miraba suciedad, pobreza, casas en mal estado y un gran abandono en general. Cables por doquier, que cruzaban las calles, desprolijidades, todo me recordaba a las villas de Rosario o a las edificaciones que se ven cuando un colectivo entra a Retiro, la Estación de Ómnibus en Buenos Aires.
Al llegar al hostel, toqué el timbre pero nadie atendía.
El celular, a pesar del famoso Roaming no funcionaba allí.
Decidí ir a un negocio o buscar a alguien que me compartiera WIFI.
Recordé una iglesia importante, crucé una avenida y encontré un inmenso galpón con puestos de venta de ropa. Le pregunté a una pareja por una conexión a WIFI y me derivaron a un señor de pocas palabras que cargó el WIFI del lugar en mi teléfono.
Rápidamente el mensaje llegó y por suerte el encargado del hostel se comunicó con una tal Carla que, a la vuelta de donde me encontraba, me esperaba con las puertas abiertas.
Yo no sabía que la gran reja azul que daba a la calle permanecía siempre abierta.
Mucho calor. Mucha tensión. Salvador es picante.”
Diario de viaje. Salvador, Brasil, domingo 24 de diciembre de 2023

