Desde que tuve uso de razón, siempre quise conocer New York. Le dicen la gran manzana, pero para mi fue la frutilla del gran postre que había sido mi primer viaje sola a Europa allá por 1994 y 1995. Quedé tan enamorada que volví sin dudarlo en los años 2007 y 2015, año donde además corrí la Half Marathon Staten Island y la fabulosa TCS New York Marathon. Mis tres viajes a New York están marcados por las famosas Torres Gemelas, su existencia, su desaparición y su reemplazo por otro edificio. Las ciudades cambian como todas las personas, por eso, muchas veces volver en distintas ocasiones a una misma ciudad, es tan placentero como encontrarse con gente que uno quiere después de algún tiempo. Volvería a New York una y mil veces, es una ciudad que me gusta mucho. Les cuento aquí, qué cosas he visto en mis viajes (muchas de las cuales volví a ver, porque las comencé a querer) y qué cosas cambiaron, qué sitios desaparecieron y cuáles nacieron.

¡Bienvenidos a New York, queridos lectores!
1995, mi primera vez
“Bajé del avión con todas las ganas de New York. Ya no puedo cantar más, la canción de Charly Garcia que dice: «Yo nunca vi New York, no sé lo que es París”. Así comienza mi diario de viaje, de cuando llegué a esta ciudad por primera vez. Tuve, vaya a saber porqué, ganas de citar esa canción en mi diario. Tal vez porque venía de conocer París e iba a conocer New York. Tal vez para “despedirme” de no conocer de esas ciudades.
Harlem, una visita guiada: Recuerdo que me alojé en HI Hostelling International, ubicado en Amsterdam Avenue y W 104th St., a unas pocas cuadras del Central Park. Con la gente del hostel hicimos una excursión a Harlem, que por esos años, era un lugar difícil. Anduvimos por una zona habitada por centroamericanos donde el español era la lengua más hablada. Visitamos la iglesia gótica St. John The Divine, pasamos por la Universidad de Columbia y fuimos al Morningside Park. Este parque con canchas de básquet, poco usado y terrible por la noche, es el lugar de donde salieron algunos jugadores que fueron parte de los famosos Harlem Globetrotters. Pasamos por iglesias donde se cantaba gospel y también por la fachada del mítico Apollo Theatre. El guía explicaba en inglés y como mi inglés no es muy bueno, entendía ideas generales. Pero a veces es mejor mirar el entorno en detalle, que a alguien que habla sin parar. Morningside Park está como en una barranca y según el guía, en las casas vacías que veíamos era donde se hacía el crack, en ellas vivían homeless (personas sin hogar) y traficantes de droga. Se podía ver mucha pobreza, mucha mugre y se sentía que estábamos en un ambiente pesado.
Soho, Greenwich Village, Brodaway: En este viaje conocí el Soho y Greenwich Village. El Soho es encantador, lleno de lofts y galerías de arte. Sentí un ambiente especial, un barrio tranquilo, donde anduve sin apuro. “Cada metro cuadrado de New York es un espectáculo imperdible”, escribí en mi diario y aún hoy cuando escribo y pienso en la ciudad, sigo creyendo lo mismo. Por ese entonces sentí la zona de Greenwich Village un poco más pesada, un poco más sucia, pero igual de atractiva. Recuerdo la Washington Square Park con el arco de donde parte la famosa 5th Avenue. Me había llamado la atención ver un sitio con arena para que los perros hagan caca, estaba sorprendida de que la gente la juntara y quedara todo limpio. Anduve en Gramercy Park, el parque privado donde cada propietario tiene una llave para entrar, al menos en esos tiempos. Caminé por Broadway entre negocios, gente, basura, autos, semáforos y carteles. Broadway me consumió los ojos con sus carteles que prenden y apagan, las limusinas blancas y el linyera que revisa el tacho de basura. Siempre recordaré mi piel de gallina, prácticamente constante, en mi primer día en la gran manzana. Se veia de todo en Times Square.
MOMA: A metros de la deliciosa y renombrada 5th Avenue un día conocí el Rockefeller Center y su pista de patinaje de invierno. En el interior de este altísimo edificio, hay galerías comerciales y oficinas. Afuera los taxis amarillos y el sabor de un rico hot dog me seguían diciendo que estaba en New York. No hay como caminar en New York. Bien cerca me esperaba el MOMA Museum of Modern Art, que fue el primer museo de arte que conocí en esta ciudad. El haber visto en mi trabajo libros sobre su colección y el saber con qué obras de arte y artistas me iba a encontrar, hicieron que me sienta en una gran fiesta cuando lo recorrí, junto a Matisse, Picasso, Braque, Warhol y muchos, muchos más. Pude ver la muestra “Incadescent Kandinsky”. ¡Que feliz fui en este museo durante las cuatro horas que lo recorrí!
New York Stock Exchange: Un martes me fui al distrito financiero. Pude entrar gratis y ver en vivo y en directo el funcionamiento de la Bolsa de Valores, la New York Stock Exchange, donde se maneja el dinero del mundo que pertenece a unos pocos. Números que cambian velozmente sin parar en pantallas, gente que corre de un lado al otro, papelitos en el suelo, hombres de traje, teléfonos, gritos. Fue posible ver esto desde lo alto de un balcón vidriado para los visitantes. Wall Street y otras calles cercanas, estaban llenas de hombres de negocios, que comen en la calle y descansan con un café en la mano.

Las torres gemelas y un viaje en ferry: También conocí, por fuera, el World Trade Center, las famosas torres gemelas que vivieron en New York hasta el atentado de 2001. Visité Battery Park, el bonito parque al sur de la isla y bien cerca se ubica Whitehall Terminal, la estación de donde salen los ferrys hacia Staten Island y otras islas. Me tomé uno, viejo, sucio y lleno de linyeras hacia Staten Island para ver la isla de Manhattan como siempre quise. La vista era genial, a medida que el ferry se alejaba de la costa, las torres gemelas se convertían en un verdadero y sobresaliente hito de la silueta neoyorkina. El ferry tarda unos quince minutos en cruzar de Manhattan a Staten Island y vale la pena hacerlo. Ir y venir en ferry para ver Manhattan desde el agua. No muy lejos, la verde Estatua de La Libertad parecía pequeña. También visité el World Financial Center, construido por el arquitecto César Pelli en 1987. Junto a los diferentes edificios del WFC y mirando hacia el Hudson River, está el Winter Garden. Este edificio de cristal y acero con un patio interior con tiendas, restaurantes, altas palmeras y escalinatas invita a pasear o a sentarse a descansar un rato sin problemas. Toda esta zona estaba llena de ejecutivos, de gente apurada, bien vestida y con oscuros maletines. Volví a las torres gemelas con la intención de subir, pero en su ingreso había un cartel que decía: “Visibilidad cero”. Mucha niebla. No me quería ir de la ciudad que nunca duerme, sin subir al que en esos años, era el punto más alto de New York.
Visita al Madison Square Garden: Otra de las visitas que hice fue al mítico Madison Square Garden, la casa de los New York Knicks y los New York Rangers. Este gran estadio se levantó donde funcionaba una estación de trenes y es el cuarto que se construyó. Durante la visita guiada pude conocer sus dos restaurantes: “Play by Play” y “Club Bar & Grill”. En este último, vimos un video con los artistas más famosos que pasaron por ahí y los acontecimientos más importantes. Visitamos el piso 10°, Suite 1069. La vista a la arena fue fantástica y tenía sus luces prendidas, ya que había un evento privado mientras realizábamos la visita. También recorrimos los vestuarios de los “Knicks” y “The Paramount” (que en los años siguientes cambiaría de nombre) y el teatro donde se hacen recitales y shows para la televisión. Lujo, confort y buen diseño para el deporte y los espectáculos. Los norteamericanos saben mucho de esto.
Empire State: El mismo día fui al observatorio del Empire State, un edificio ícono de la arquitectura neoyorquina construido en 1931, del cual aún hoy sigo enamorada. El Empire State siempre estuvo en mi cabeza como un edificio que debía conocer sí o sí. Famoso y hermoso. Hice una larga cola, tome el ascensor y llegué arriba para ver maravillada por primera vez, New York desde las alturas. Me impresionó ver el Central Park. Un rectángulo que se extiende de norte a sur, de variados verdes y ocres, se define perfecto en una trama urbana sin muchas variaciones y muy ordenada. Primero visité el piso 80, luego el piso 86 y finalmente el piso más alto (donde no sube mucha gente) que está cerrado y vidriado. Otra vista imponente fue la silueta de las torres gemelas hacia el sur, comandando la isla de Manhattan. Río Hudson. New Jersey. Si bien les cuento ahora en 2021 de New York, en 1995, yo tenía la ilusión de que apareciera King Kong como en la película de 1933… pero no sucedió. Lo que sí pasó, recuerdo, es que estando arriba vi como se acercaba una nube oscura y amenazante que en minutos nos regaló su lluvia, mientras seguía su viaje.
MET y más: Una de mis tantas largas caminatas, esta vez por la 5th Avenue me llevó a visitar la emblemática St. Patrick’s Catedral, de estilo gótico. Más hacia el norte me encontré con la Trump Tower, me metí en sus sectores públicos y vi como el lujo es, a veces, un descontrol que empalaga. Siguiendo hacia el norte, siempre por la 5th Avenue con el Central Park a mi izquierda, llegue al MET, el Metropolitan Museum of Art. Otro de los famosos museos de la ciudad, realmente bestial. Es tan grande, que para aprovechar su visita, a mi juicio, es bueno saber de antemano que quiere ver uno en particular, para no deambular perdidamente por sus largos pasillos y salas. Solo decidí ver pintura, Degas, Van Gogh, Picasso, los móviles de Calder, mientras el tiempo se volvía más veloz que de costumbre. “Tendría que volver”, escribí en mi diario.
Naciones Unidas y Guggenheim Museum: Un jueves 9 de marzo, que según mis escritos hacía – 3°C de temperatura, recorrí con guía el United Nations Headquarters, las Naciones Unidas. La ONU es un prisma vidriado que se levanta solitariamente al este de la isla de Manhattan, a orillas del East River. Primero visitamos el Consejo de Seguridad, luego el Consejo Económico Social y finalmente la Asamblea General. “Mucho edificio pero las naciones no están muy unidas”, apunté en mi diario horas más tarde. Una larga caminata, cambiando de calles para conocer (como la 5th Avenue, Madison Avenue, Park Avenue y parte del Central Park), me llevó a otro gran paraíso, al que retornaría en mis siguientes viajes: el Guggenheim Museum, al cual admiré desde afuera por mucho rato. Siento que Frank Llyod Wright, su arquitecto, fue feliz al proyectarlo allá por 1959. El museo estaba cerrado, así que volví el sábado en bus, desde del sur de la isla luego de bajar de las torres gemelas. A mis ojos el Guggenheim es bello por fuera y por dentro, la rampa, que es circular, permite ver hacia un lado las obras de arte y hacia el otro, la planta baja, el recorrido de la rampa y la gran cúpula vidriada como techo. Por dentro, todo es blanco y sereno. Hasta la pendiente de la rampa es muy dulce y amigable al recorrerla. Otra vez me encontré con un seleccionado de artistas Picasso, Matisse, Chagall, Kandinsky. Escribí en mi diario: “ Todos los arquitectos deberían ver en vivo y en directo esta obra de Wright.» Otra vez fui feliz.

Arriba de las torres gemelas: Cuando fui a las torres gemelas, hice una hora de cola para subir al edificio más alto de New York. Fue posible sentarse a esperar, sobre una mullida alfombra verde, como una vaca mirando pasar el tren. Las vistas son, mejor dicho eran, excepcionales, la pequeña estatua de la Libertad, los ríos, las otras altas torres, las calles y avenidas, todo parecía desde arriba una gran maqueta. Recuerdo que me apoyaba con todo mi cuerpo sobre los vidrios, que iban desde el piso hasta el techo, para ver esta alucinante ciudad desde lo alto. También recuerdo haberme parado, en la calle, en su fachada exterior y mirar hacia arriba doblando mi cuello como una contorsionista. Era la primera vez que veía unas torres tan altas y famosas en vivo y en directo. ¡Que gran experiencia!
La estatua de la Libertad: había visto esta famosa estatua desde lejos al cruzar a Staten Island. Esta vez la vi de cerca y a decir verdad, me pareció algo pequeña. Al cruzar a la pequeña isla donde está emplazada, hay otra vista muy buena de la isla de Manhattan. La verde estatua de la Libertad, me pareció muy bonita y muy interesante en su interior. Fue pensada y construida en Francia por el escultor Frédéric Bartholdi en colaboración con el ingeniero Gustave Eiffel e inaugurada en 1886. Se puede ver en detalle como esta armada por dentro, a medida que uno sube las escaleras para llegar a su cabeza, para finalmente asomarse al mundo por su vincha o mejor dicho su corona.
Con la luna y el Empire State: Desde el Guggenheim Museum, en mi último día de viaje, me hice un nuevo regalo. Con 1°C de temperatura, la luna y las Tres Marías sobre mi cabeza, subí una vez más al Empire State. Y otra vez confirmaba que New York también de noche, desde las alturas, es hermosa, cálida, mágica, estupenda, seductora y crea adicción. Como hice con Berlín en 1994, me prometí volver a New York.
2007: las torres gemelas ya no están
Una vez más, otro de mis viajes (esta vez por ciudades norteamericanas y canadienses) terminaba en New York. Otras ocho noches en la gran manzana. Esta vez llegué en un bus proveniente de Washington y según leo en mi diario, el bus entró a la isla de Manhattan por el Lincoln Tunnel, cruzando el Río Hudson. Esta New York del 2007 me regaló, entre otras cosas, Halloween, la posibilidad de ver como espectadora su histórica maratón y la ausencia de las torres gemelas en su silueta, ya que en 2001 habían caído tras los atentados terroristas que todo el mundo siguió en directo por televisión.
Brooklyn Bridge: Una de las cosas que hice ni bien llegué, fue cruzar a pie el famoso puente de Brooklyn, que une la isla de Manhattan con otro barrio neoyorkino que lleva el nombre del puente. Se tarda alrededor de una hora. El puente posee senda peatonal, senda para bicicletas y carriles para los autos en ambas direcciones que circulan por un nivel inferior. A veces el ruido es infernal. Muchos turistas se sacaban fotos y muchos como yo, paraban cada tanto simplemente a mirar. Las torres gemelas no estaban más, nada sobresalía en la silueta de la ciudad. Muy impactante. Sentí que algo faltaba y que solo se conservaba en mi recuerdo.
Paul’s Chapel of Trinity Church Wall Street: Entré a Paul’s Chapel of Trinity Church Wall Street, la iglesia que sirvió como apoyo cuando fue el atentado a las torres gemelas. Su patio da a la manzana donde estaban las altas torres. Dentro de la iglesia había fotos, recuerdos, dibujos y todo tipo de material de la gente que falleció en el atentado de 2001. En mi diario escribí: “Es muy impactante no ver las torres gemelas. Siento que falta algo. Recuerdo cuando estuve acá y la sensación que me provocaron. Todo alrededor es un caos y las vistas al pozo están tapadas. No pasan autos alrededor. Hay pasajes construidos especialmente para peatones. Miles de turistas se sacan y se sacan fotos en la zona”. La zona 0 era nueva para mí. No se veía nada. Buscaba por donde espiar. Se escuchaban máquinas trabajar sin cesar. Pude sacar algunas fotos interesantes de las obras.Anduve de un lado a otro y llegué junto con el atardecer al World Financial Center que seguía con sus altas palmeras dentro, mientras el cielo neoyorkino se ponía color naranja.
Toys “R”, la juguetería que ya no está más: Fui en bus a Broadway & W 42nd St. Times Square y otra vez fui feliz al ver carteles, televisores y neones enormes, brillantes, que cambiaban de imágenes a cada segundo, muchos más que antes. Esta vez me metí en Toys “R”, una gigantesca y mágica juguetería, que cerró en diciembre de 2015, en la que había una rueda gigante dentro, un dinosaurio, la estatua de la Libertad y el Empire State construidos con Lego. Qué juguetería tan alucinante.
Caminar y mirar: Visité el barrio de Chelsea con sus casas típicas de ladrillo de varios pisos, jardines y porches, fui a Union Square y me quedé mirando en la 5th Avenue el hermoso edificio Flatiron, con su torre triangular diseñada por el arquitecto Daniel Burnham en 1902.
Otra vez, el famoso MET: Sabiendo ya de qué se trataba este gigantesco museo, el Metropolitan Museum of Art, elegí ver algo de alfarería, momias y sarcófagos del Egipto Antiguo. También pasé a ver algo de Grecia y África. Arte moderno y fotografía moderna. No me fui sin ver el Templo de Dendur, que fue desmontado y trasladado a Nueva York exponiéndose desde 1978 en el MET. El Templo de Dendur, estaba en Nubia, cerca del Nilo, alrededor del año 15 a.C. Una verdadera maravilla.
Columbus Circle y un poco de jazz: este sitio es un nudo de varias calles que se encuentran y es una de las esquinas del Central Park, con mucho tráfico, mucho movimiento y altos edificios. Andando por ahí terminé en Dizzy’s Club Coca Cola, escuchando jazz. Pat Martino, un guitarrista de Filadelfia y otros buenos músicos, hicieron que por momentos me sintiera en una película de Woody Allen. Las mesas tenían velas y había gente de todo tipo. Detrás de los músicos, mientras ellos tocaban, grandes ventanas mostraban como una pintura norteamericana las luces lejanas de New Jersey.

Corriendo en el Central Park el día de Halloween: Una mañana de miércoles me fui a correr al Central Park. Era Halloween y no podía irme de la gran manzana sin correr por ella. Tenía que festejar unas cuantas carreras que había hecho en el viaje y esta era una buena manera de hacerlo. Así que corrí todo el Central Park por su camino principal interior que lo circunda. Fueron 10 km con varias subidas y bajadas, que volvería a correr muchos años después. Pude ver los lagos, las calles adyacentes, el Guggenheim en reparación y disfrutar de todos sus verdes. Salí a las 10:00 horas desde la movida esquina de Columbus Circle. Fue una mañana sensacional de sol, sin viento, ni frío. Había muchísimos maratonistas, ciclistas y patinadores. Al final me encontré con todos los preparativos para la maratón de New York, que se haría el domingo siguiente, las tribunas, las vallas y obreros trabajando por todos lados. Por la noche pude disfrutar del desfile de Halloween por las calles neoyorkinas, una maravillosa fiesta llena de color, musica y gente disfrazada. Les invito a leer más sobre este desfile y ver muchas fotos en: https://viajandoycorriendo.travel.blog/2020/10/31/halloween-2/

Clasificatorios para las Olimpiadas de Pekín 2008: No recuerdo como, me enteré que podía ver en el Central Park, el “U.S. Olympic Team Trials Marathon”, clasificatorios para los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008 en maratón masculina. Bien temprano por la mañana y se nota en la foto, mi cara de dormida, fui a ver este evento. Había mucha gente y hacía mucho frío. Tanto la seguridad como la organización eran impecables. Las tribunas estaban llenas de gente que alentaba sin parar. Al entrar a la zona, una marca de zapatillas te obsequiaba carteles con la cara de algunos corredores que competían esa mañana. En el final muchísimas banderas norteamericanas flameaban en esa parte del circuito. Así, pude ver ganar a Ryan Hall con una marca récord para este evento, 2:09:02 en maratón, quien junto a otros dos atletas competiría en los Juegos Olímpicos al año siguiente. Otra vez me impactó el desnivel del circuito, que abarcaba el final de la Maratón de New York, donde ya todo estaba debidamente armado para el domingo. Un gran evento.
Las fiestas de la Maratón de New York: la noche anterior a la maratón se tiran fuegos artificiales realmente espectaculares en el Central Park, a modo de inauguración de la gran carrera. Las vallas, las tribunas para el público, la cartelería, todo está listo y organizado perfectamente para la mañana siguiente. La zona era un verdadero gentío. Además, bien cerca en el famoso restaurante Tavern On the Green, se hacía la acostumbrada Pasta Party, donde los maratonistas comen pasta hasta explotar. A decir verdad había gestionado para ser voluntaria en esta carrera, para entregar las medallas a los maratonistas que llegaban a la meta. Para ello, debía recibir un sobre con una autorización que llegaría a mi hostel. Sin este sobre fue imposible hacer mi tarea de voluntaria, a pesar de haberme presentado en las oficinas de la organización días antes de la maratón y de haber ido temprano al sector de medallas el día de la carrera. Tuve que conformarme ese domingo, un poco triste, después de haberlo intentado, con ser una espectadora más. Fue entonces que decidí ver la carrera en la esquina del Central Park, donde los maratonistas doblaban para ingresar al tramo final de la carrera. Esto es Columbus Circle, E 59th Street y Central Park West. Enseguida acepté mi nuevo rol y lo vivido fue realmente emocionante e inolvidable. Junto a mi, había un muchacho joven con el que enseguida comenzamos a charlar, llamado Rubén, nacido en Madrid. Rubén tenía un mapa de la maratón y como estábamos al lado de una gran pantalla gigante que transmitía en vivo la carrera, sabíamos todo lo que sucedía en detalle. Vi pasar ante mis ojos al ganador de la maratón, el keniata Martin Lel, a la grandiosa inglesa Paula Radcliffe que también ganó esta maratón y a Lance Armstrong, el famoso y controversial ciclista norteamericano, con su remera amarilla, sus lentes negros y un sequito de corredores a su alrededor que parecian custodiarlo. Reconocí a otra gran maratonista keniata Catherine Nredeba. Con el paso de los minutos, comenzaron a pasar los corredores comunes, como yo y al verlos me largué a llorar desconsoladamente de emoción y alegría. Estiré mi mano sobre la valla para que los corredores me tocaran y ahí me conecté con el mundo. Venía de correr la maratón de Chicago para festejar mis 42 años, donde fui la que tocaba las manos a los espectadores. Era mi último día en New York y de todo el viaje. Había sido corredora y ahora era espectadora. Todo era emoción pura y una mezcla de recuerdos del viaje. Mientras tanto en vivo sobre el escenario, tocaba Strawberry Fields, una banda tributo a Los Beatles excelente. Una verdadera fiesta para todos. Un nuevo deseo había nacido: quería correr la Maratón de New York. Pasadas unas horas, fui a ver desde las tribunas, donde solo había familiares y amigos esperando ansiosos a su maratonista favorito. Son los últimos corredores, pero sin duda los que más esfuerzo hicieron en llegar a la meta. Y para terminar, les cuento algo más: cuando llegué a casa en Rosario y abrí la puerta, me encontré en el suelo con el sobre y la autorización para ser voluntaria. Lo rompí en mil pedazos, mientras recordaba una vez más, lo bueno que había sido ser espectadora.
El ferry, Chinatown y más: Nuevamente tomé el ferry desde Whitehall Terminal hacia Staten Island para ver Manhattan, esta vez sin las torres gemelas. El ferry ya no era viejo, ni sucio y no había homeless como hacía 14 años atrás cuando fui por primera vez. Tampoco eran todos de color amarillo, en el que viajé era de color naranja. La estación de ferry era nueva, blanca y espectacular. Había sido construida nuevamente en 2005. Todo era diferente. Faltaba algo. La silueta de Manhattan sin las torres gemelas no me gustaba.
Wall Street, esta vez no se podía visitar la Bolsa de valores y había mucha policía por las calles del Distrito Financiero. Trinity Church. Anduve por Chinatown y la recorrí mucho. Encontré entre sus olores y negocios su templo budista Mahayana Temple Buddhist Association en Canal Street y Bowery. En su interior, un Buda dorado rodeado de ofrendas de frutas de verdad, me pareció gigante.
New York de noche es fantástica. Recuerdo los edificios encendidos, el Empire State, caminar lentamente por la 5th Avenue, el bello Chrysler, el edificio de Met Life, la Estación Central, los semáforos, los taxis amarillos, las grandes vidrieras de las tiendas. Times Square se prende y se apaga brillante sin parar. Podría seguir rememorando miles de cosas más. La noche le queda muy bien a New York.
2015: New York entre carreras
Esta vez viví New York de manera muy diferente. Al principio me alojé en Staten Island, pero también en Brooklyn y en Manhattan. Correría dos carreras: una media maratón y una maratón. La maratón de New York me enseñó sus barrios Manhattan, Brooklyn, Bronx, Queens y Staten Island. La zona 0 me esperaba con su nuevo, alto e impactante edificio estrella, volvería a visitar algunos de mis lugares favoritos y me encontraría con Los cazafantasmas en otra noche de Halloween.
Staten Island: El hecho de haberme alojado en Staten Island hizo que deba usar más veces el ferry que une esta isla con la isla de Manhattan. Un sábado me dediqué a andar por Staten Island, pude ver el mercado St. George Green Market en la calle, hermosas casas a dos aguas, de madera, con ventanas guillotina, tachos de basura y alguna que otra simpática ardilla por ahí. Conocí la iglesia Saint Peter R.C.Church y el estadio de béisbol Richmond County Bank Ballpark perteneciente a los Staten Island Yankees, un equipo de las ligas menores que se disolvió en noviembre del 2020. Enfrente del estadio se ubica The Staten Island September 11th Memorial, un memorial simple pero contundente que recuerda el atentado a las torres gemelas. Entre dos líneas o planos (según la perspectiva de donde uno se ubique) que se abren hacia afuera, se observa a lo lejos, en la costa de Manhattan, el espacio en donde se situaban las torres y en donde ya estaba el nuevo y majestuoso One World. El domingo 11 de octubre participé en la NYRR Staten Island Half Marathon, como parte de mi entrenamiento para la TCS New York Marathon. La carrera, tiene su largada en las afueras del estadio de béisbol de los Staten Island Yankees y su meta está dentro de él. Es una carrera muy bien organizada y una buena oportunidad para conocer bien por dentro un estadio de béisbol y ver buena parte de la isla mientras uno corre. En el atardecer de ese domingo fui a Tappen Park, una plaza donde pude explorar un evento de arte al aire libre, con instalaciones y producciones artísticas interesantes, mientras la gente local disfrutaba de estar simplemente sentada en sus bancos.
Otra vez al Guggenheim: Los sábados de 16:00 a 18:00 horas uno puede ingresar al Guggenheim Museum gratis o pagando lo que puede. Esta vez fui un sábado y me encontré con una magnífica retrospectiva del artista y médico italiano Alberto Burri titulada: “Alberto Burri: The Trauma of Painting”. Este artista, fallecido en 1995, trabajaba en grandes dimensiones y con mucha materia. Acá el link de su muestra: https://www.guggenheim.org/exhibition/alberto-burri-the-trauma-of-painting
De todo un poco: Volví a Manhattan después de 11 días de viaje por Washington, Atlantic City y Filadelfia, para quedarme 11 noches en la ciudad que nunca duerme y que, como ya saben, me enloquece. Pero Manhattan me recibió con una pésima noticia al atardecer: la casa que había alquilado por Airbnb, en la zona del Soho, no daba más servicios y nadie me lo había comunicado. Esta es una historia que contaré en otro momento porque merece un apartado especial por las buenas personas que conocí como Elizabeth, una profesora de inglés y Mister Cooper, dueño de habitaciones en Brooklyn, que me ayudaron en la resolución de este inconveniente. Así las cosas, en esta parte del viaje, el destino hizo que me alojara en Brooklyn y en Manhattan. Resuelto mi problema de dónde pasar mi primer noche en la gran manzana, caminé toda Broadway desde 11th Street, unos tres kilómetros y me fui a sentar a Times Square. Mientras miraba los carteles luminosos que prenden y apagan, las propagandas, los taxis amarillos, la gente que iba de un lado al otro, mis pensamientos acerca de cómo se resuelven los imprevistos si uno no entra en pánico y solo se ocupa de resolverlos, se mezclaban con estas imagenes tan neoyorkinas y tan atrapantes.
12 km de entrenamiento: Una mañana de lunes salí a correr desde Brooklyn, para seguir moviendo el cuerpo para la TCS New York Marathon. Crucé el siempre lleno de turistas puente de Brooklyn, algo del Distrito Financiero, tomé el atiborrado barrio de Chinatown por Canal Street y crucé el puente de Manhattan que me ofreció vistas diferentes y muy interesantes. Desde este puente nada famoso, donde no hay turistas, es posible ver de cerca muchas terrazas neoyorkinas. Luego de cruzarlo, mi recorrido me llevó a correr, por la plaza de mi barrio en Brooklyn, Commodore Barry Park. Fueron unos maravillosos 12 kilómetros, metiéndome de lleno en la vida matutina de la gran manzana, esquivando personas, autos, semáforos, atravesando puentes y escuchando la música de la ciudad.
Zona 0: Visitar la Zona 0 casi terminada, fue conmovedor para mi. Había estado en la cima de las Torres Gemelas una vez, después vi, en 2007, un gran muro que tapaba las gigantescas obras de construcción de la zona y ahora visitaba la nueva torre One World Trade Center. Dos grandes fuentes donde están escritos los nombres de las 2983 personas que murieron el día del atentado, dan mucha paz a la zona. El agua, como el recuerdo, no para de circular en ningún momento. La torre One World Trade Center tiene 8 caras triangulares, cuatro con el vértice hacia arriba y cuatro con el vértice hacia abajo, que cambian de color con el paso de las horas y brillan según dónde se encuentre el sol. En la zona 0, vi 4 edificios importantes que componen el proyecto total de la zona, barrios en construcción y la estación de subte diseñada por Santiago Calatrava, casi terminada. One World Trade Center es tan alta que recuerdo haberla visto desde Brooklyn una noche en que iba al supermercado, cuando me alojé allí.
Hay que caminar: Visité una vez más Chinatown, con su gente, sus pescados, sus olores, comidas y venta de todo en cantidad y al tomar la Mulberry Street entré a Little Italy, la pequeña Italia llena de restaurantes, pasta y pizza. ¡Que lindo es caminar por New York! Llegué a Greenwich Village donde está el arco del triunfo. La plaza estaba llena de músicos, gente, gente y más gente. Siempre me digo que hay que visitar las partes que a uno le gustan de una ciudad de día y de noche. Fui en subte, a ver de noche la zona del Rockefeller Center y Times Square. Times Square es un mundo de noche y otro bien distinto de dia. El Times Square que vi en 1995, sospechoso y hasta enigmático nada tenía que ver con este, diríamos casi adictivo por todo lo que había para ver. Recuerdo haber visto una protesta contra la policía neoyorkina y su brutalidad hacia las personas negras.
Harlem y sus sorpresas: Un domingo, iba al HI Hostelling International, a ver si había alojamiento, pero al no parar el subte en la 103 Street y parar en la 125 Street, cambié de planes y eso fue magnífico. Visité Harlem, como en mi primera vez, pero esta vez lo hice sola, sin guía. Era otra cosa. Rudy Guiliani, el famoso alcalde de New York, había metido mano en la seguridad de la gran manzana con la famosa, discutida y tal vez controversial pero efectiva “Tolerancia 0”. Esta vez anduve sola por Harlem, con otros turistas que paseaban tranquilamente, sin basura y con absoluta seguridad. Saqué unas fotos en el famoso Apollo Theater y seguí camino a Bettel Gospel Assembly, una iglesia ubicada frente a una plaza. “Había una cola infernal de turistas, la hice y al poco tiempo comenzó a avanzar. Un señor nos registraba a todos preguntándonos de dónde veníamos. Ingresamos, pero justo creo que desde tres personas delante de mí, ya no había lugar en el templo. Nos llevaron entonces a una sala con dos televisores para ver la misa que había empezado a las 11:30 horas. Nos ubicaron en fila según el orden de la cola. Yo descansaba y miraba. A los 45 minutos, hubo lugar para mí en el templo. Estuve ahí hasta las 14:00 horas mirando todo en detalle. ¿Fanatismo? ¿Locura? No sé qué palabra describe lo que vi. Los cantos eran maravillosos y la energía del lugar también. Era sigilosamente contagiosa.” Así escribía en mi diario sobre la experiencia de ver cantar gospel, un domingo en la mañana en New York. Las voces hermosas de las personas cantando enérgica pero dulcemente, aún resuenan en mi mente. Me fui de la iglesia con una bendición y buenos pensamientos para todos los que corríamos la maratón el domingo siguiente y con el abrazo fraternal de una voluntaria de la iglesia que me deseó lo mejor para mi vida al saber que era una turista visitándolos y que además correría la maratón. Qué lejos estaba esta amistosa Harlem en 2015 de la que había visto en 1995 llena de peligro y oscuridad.
Otra vez al MOMA, Museum of Modern Art: Fue un placer volver a este museo. Esta vez lo hice con la autoguía para aprovecharlo aún más. “Noche estrellada” la obra de Van Gogh que tanto me gusta, estaba otra vez frente a mis ojos. Pude ver una muestra fantástica “Take an Object”, sobre cómo muchos artistas como Jasper Johns o Yayoi Kusama hacen arte con los objetos cotidianos. Aquí su link para que puedan saber de que se trata: https://www.moma.org/calendar/exhibitions/1549. Estuve cinco horas disfrutando, por 25 dólares que salía la entrada.
National September 11 Memorial & Museum: Desde el MOMA fui en subte a National September 11 Memorial & Museum. Se ubica en la zona del One Trade Center, entre las dos fuentes cuadradas. Se pueden conseguir entradas gratis por adelantado. Había conseguido una entrada gratis para las 17:30 horas. Mucha gente visita este sitio y la cola para su ingreso es larga, pero si a uno le gusta observar, como a mi, puede usar ese tiempo para mirar en detalle el One World Trade Center. El museo abarca la zona en donde estuvieron las torres gemelas, donde se han conservado estructuras de cimientos. Hay columnas torsionadas, un camión de bomberos tal cual quedó después de la explosión y la última columna que sacaron después de limpiar todo, luego del atentado de 2001. Muchas fotos y videos completan la exhibición. De noche la zona es impactante, con ventanas iluminadas de la torre y la negrura de las fuentes que parecen recordar el desastre allí ocurrido.
La NBA en vivo: Esta vez no me privé de visitar el Madison Square Garden nuevamente, pero ahora para ver un partido de básquet de la NBA en vivo y en directo. New York Knicks contra Atlanta Hawks. El estadio se oscurece totalmente antes de que la fiesta estalle. La experiencia fue grandiosa, la presentación de los equipos es casi mágica por su forma, la música y todo lo que se vive. Uno puede sacar la entrada más barata que consiste en una banqueta alta frente a una larga mesada de granito como en un bar. Me di cuenta que todos éramos turistas en este sector. En cada ubicación había una camiseta XL azul de los Knicks, como regalo para cada espectador. Me senté junto a tres australianos que me desearon lo mejor para la maratón y con los que pude conversar mucho, para mi sorpresa. Es genial ver triples excepcionales y dobles maravillosos, mientras los hinchas deliran en sus ubicaciones. Siempre hay jugadas fantásticas que uno termina aplaudiendo a rabiar. La música que se acelera según pasan los segundos durante el intento de un doble o un triple, le dan al partido momentos de mucha tensión. Inolvidable. Este show lleno de luces, música y excelentes jugadas que los norteamericanos saben hacer muy bien, me gustó muchísimo, tanto que volvería después en otras ciudades norteamericanas a ver basquet en vivo. Un espectáculo de este tipo incluye además, la facilidad con que se accede al estadio, la seguridad, la limpieza y la impecable organización. Este combo de situaciones y muchas más, hacen que no pueda dejar de comparar y analizar lo que sucede cuando uno va a ver, por ejemplo, fútbol en la Argentina, en donde entre otras cosas, no pueden estar distintas hinchadas juntas desde hace años, debido a la extrema violencia. En mi caso voy a ver fútbol desde 1979 y con el paso de los años la experiencia no ha mejorado, muy por el contrario.
Whitney Museum of American Art: Este museo, ubicado en el barrio de Chelsea a orillas del Rio Hudson exhibe obras de arte americano del siglo XX. Fue diseñado por el arquitecto Renzo Piano y abierto al público justamente en el año que lo visité, 2015. Descubri nuevos artistas como Archibald Motley y seguí disfrutando con obras de artistas que me gustan mucho como Edward Hopper, Stuard Davis, Willem de Kooning entre otros. El museo tiene 8 pisos para recorrer y una terraza desde donde puede verse la ciudad. A mi juicio las salas son un poco pequeñas y la distribución de ellas algo compleja para el visitante. Su página oficial es : https://whitney.org/
High Line, el parque elevado: pegada al Whitney Museum nace la High Line, su ingreso en el sur es por la Gansevoort Street. High Line, es un parque lineal elevado y diseñado sobre lo que antes eran vías donde pasaba el tren en los años 30. Fue construido en varias etapas y el buen diseño es el gran protagonista a lo largo de todo su recorrido. Se puede ingresar al parque por diferentes calles que lo atraviesan perpendicularmente. High Line mide poco más de 2 kilómetros y llega al Norte, a una zona de altos edificios ubicados mas o menos en la calle W 33th Street. Creo que aquí es primordial caminar sin apuro alguno para disfrutarlo completamente, por la variedad de situaciones que ofrece. Diseño de jardines, variada vegetación, negocios, vistas de la ciudad de las más variadas, sitios hermosos para sentarse y muchas diferentes experiencias y perspectivas a cada paso. Debo decir que lo visité de día y que me gustaría conocerlo al atardecer o de noche. Otro motivo para volver a New York.
The Metropolitan Museum of Art: ya he hablado de este gigantesco museo, el MET, al que siempre volveré cuando vaya a New York y que tiene mucho para ver. Esta vez, la lluvia torrencial me invitó a ir. En realidad les confieso que volveré siempre al MET, al MOMA Museum, al Guggenheim y al Whitney Museum. El arte me gusta mucho y estos son museos fantásticos.
TSC New York Marathon 2015: Esta mítica carrera es un viaje dentro de New York. En esta oportunidad vivencié absolutamente todo. Primero ir a la expomaraton a retirar el dorsal de corredora y a pasear recorriendo los muchisimos stands con productos publicitarios y deportivos relacionados al mundo del correr. Tambien formé parte del desfile inaugural de todas las delegaciones de paises que corren la maratón y vi los magnificos fuegos artificiales en el Central Park. La ciudad se llena de carteles alusivos y de corredores que invaden la ciudad los días previos. La maratón fue una experiencia que jamás olvidaré que abarca desde la ida a la largada, pasando por las vivencias de los 5 barrios neoyorkinos mientras uno corre hasta el cruce de la meta. Finalizada la carrera me fui directamente a festejar a Times Square con mi medalla al cuello. Mucho se ha escrito sobre esta maratón y pronto escribiré yo también mi experiencia. Un sueño cumplido. Así, puedo asegurarles que siendo espectadores, como lo fui en 2007 o corredores, vivirán una experiencia maravillosa y única, llena de emociones y momentos inigualables.
Algunas sugerencias: Siempre me pareció difícil decir que ver o no en una ciudad. Creo que estas decisiones tienen que ver con los gustos personales de cada persona. A mi juicio, es imprescindible pensar en qué cosas me gustan e investigar para salir a conocerlas, eso sí, antes de viajar. Hay cientos de páginas que hablan o sugieren que ver en tal o cual ciudad o los imperdibles, el tema es, si tengo ganas de conocerlos. Para mi, leer mucho antes de viajar es fundamental y leer sobre la ciudad que voy a visitar, es una tarea que hago con mucho placer porque siento que comenzó el viaje.
Comprar una tarjeta de transporte para andar sin problemas. Estas se llaman METRO CARD y pueden conseguirse en todas las estaciones (desaparecerán en el 2023). Es importante ubicarse en esta ciudad cuando se usa el subte. Los mapas de papel se consiguen con facilidad y si no, se pueden ver on line. Siempre debo saber si voy hacia el Norte UPTOWN o hacia el Sur DOWNTOWN, desde el sitio de donde parte mi viaje. Esta información de Uptown o Downtown casi siempre aparece en las bocas del subte. También hay que estar atento porque una vía es compartida por varios trenes que pueden llevar números o letras. Mucha atención entonces en el subte, queridos lectores.
Si tuviera que decirles qué ver y hacer en la primera vez que estén en New York, les sugeriría:
– La zona 0 y el One Trade Center.
– Un cruce en ferry ida y vuelta a Staten Island.
– Cruzar caminando el Brooklyn Bridge.
– Un paseo por la High Line.
– Una caminata por la 5th Avenue desde la 45th Street a la 59th Street Avenida
– Broadway, la calle de los teatros. desde 36th Street a 43th Street con Times Square incluido.
– Observar el Guggenheim Museum, al menos desde el exterior y parte del Central Park, que está enfrente.
– Columbus Circle es una zona atractiva y también un punto de ingreso al Central Park.
– Ver el Empire State y el Rockefeller Center, edificios emblemáticos de la gran manzana
Mis alojamientos:
2007: Chelsea International Hostel, en el barrio de Chelsea a metros de la High Line. Chelsea International Hostel: Affordable NYC Accomodation
1995 y 2015: Alquiler en Airbnb en Staten Island, alquiler en Brooklyn y HI New York City Hostel, en Manhattan New York City – New York – United States – HI
Links de mis tres museos de arte favoritos en New York:
MoMA: https://www.moma.org/
MET: https://www.metmuseum.org/
Guggenheim Museum:https://www.guggenheim.org/
Es mi deseo, queridos lectores, que alguna vez puedan conocer a la mágica New York. Espero les hayan gustado mis relatos, mis experiencias y las fotos sobre la gran manzana. Les dejo la famosa cancion «New York New York» de Frank Sinatra a modo de festejo por el primer año de mi querido blog: https://www.youtube.com/watch?v=EEjq8ZoyXuQ&list=PL4X0crpaJ94V_fiSjkBgV1gy-wYMVsthr&index=20

















































































































