
Chefchaouen (en francés) o Chauen, es la segunda ciudad que conocí en Marruecos. En arabe es Shifshawen. Está situada en las montañas del Rif, en la zona noroeste de este país africano y fue fundada en 1741. En Marruecos es muy común compartir taxis. Viajé en un taxi compartido de Tanger a Chefchaouen y a decir verdad, fue una gran y recomendable experiencia. Este viaje me costó 70 Dirhams y duró más o menos dos horas. Tanto el conductor, que manejaba muy bien, como los acompañantes fueron muy agradables compañeros de viaje. Al ir sentada junto al conductor pude ver el estado de las rutas. Estaban en muy buenas condiciones hasta que llegamos a Tetuán donde la ruta estaba un poco deteriorada y poco marcada. El taxi me dejó en la estación, pero en realidad es la estación de taxis. Mi hostel está en el barrio Sobanine y pude llegar a él caminando siempre en subida por el centro.
La medina: la medina de Chefchaouen es pequeña y acogedora. En ciertos horarios hay mucha gente, vendedores y mucho movimiento. En otros momentos, nadie. Aquí es todo azul, hay pasadizos, escaleras, gatos, ropa tendida, puertas entreabiertas y muchos chicos que se divierten con bolitas o jugando a la pelota. Los negocios tienen todo colgado afuera y es hermoso pasear entre coloridas alfombras, ropa, adornos y artesanías.
Mezquita Bouzâafar: para llegar a esta mezquita hay que llegar primero al Parque Ras Elma y desde ahí caminar menos de un kilómetro para encontrarse con una solitaria mezquita desde donde las vistas de la ciudad azul son extraordinarias. La mezquita es sencilla y muy geométrica. Fui bien temprano en la mañana y no había nada de gente. El camino sigue tras llegar a la mezquita y se pasa a llamar Circuit Talassemtane, así que seguí un poco más hasta que el camino se puso más áspero y algo complicado. Otro día volví por la tarde, para enseñarles la mezquita y el camino a dos amigos que hice en el hostel: Omar de Turquía e Itzel de México, ya que la caminata me gustó muchísimo y quise compartirla con ellos. Omar nos habló sobre el Islam y el profeta Mohamed, de la relación de los musulmanes con el agua y la higiene entre otras cosas de su religión.

Parque Ras Elma: Este parque, muy popular, tiene una una pequeña cascada y un puente que cruza una corriente de agua, en el camino es posible encontrarse con lavanderas que lavan a mano sus pertenencias en piletas de piedra, mientras sus hijos juegan por ahí. Cerca de este sitio hay algunos bares sencillos. El parque, así como parte del camino a la mezquita Bouzâafar, tiene muchos asientos donde la gente mira los atardeceres, mientras come semillas de girasol.
Alcazaba o Kabash: En la plaza principal Outa el Hamman de Chefchaouen, se encuentra la Alcazaba o Kabash. Esta fortificación amurallada puede disfrutarse visitándola por dentro. Se puede pasear por sus jardines y subir a sus torres de vigilancia. Es posible leer sobre el uso del yeso y la forma en que los musulmanes trabajan con los cerámicos. Todas las irregulares callejuelas terminan aquí.
Té con menta: Si en Alemania o Bélgica me he sentado en los bares a tomar cerveza, aquí en Marruecos hay que sentarse en cualquier bar a tomar un té con menta. Con el sol de frente y simplemente un té con menta la vida es una gran experiencia. El sabroso ajetreo de la ciudad estaba ante mis ojos.
Una cena con amigos en la plaza principal: En mi última noche en Chefchaouen, cené una sopa de pescado con langostinos y un tagine de carne con verduras. De postre un flan con menta y dos rodajas de naranja. Pero cenar aquí tiene una gran particularidad muy simpática para mi y tal vez muy odiosa para otros. Muchos gatos vienen a tu mesa y te rodean. Al ser extranjera, noté que el mozo se sentía en apuros, pero enseguida entendió que yo estaba muy feliz con estos amigos. Son muy educados y solo si uno lo permite se sientan en alguna silla y hasta pueden subir a la mesa. Como amo a los gatos, los dejé hacer de todo y hasta compartí con ellos las papas que a mi no me gustan… Todo a la luz de una romántica vela y frente a la Alcazaba.
Más adelante en el viaje por otras ciudades de Marruecos, alguien me contaría que hay un dicho turco que dice “Si matas un gato, tienes que construir una mezquita para que Dios te perdone”. Y recordé a mis simpáticos amigos felinos que hicieron de mi cena, una verdadera fiesta en mi última noche en esta maravillosa ciudad de Marruecos.

Me alojé en el hostel: Aline Hostel y lo reservé a través de https://www.hostelworld.com/
Esta ciudad es para andar sin apuro, a cualquier hora. La gente es muy amistosa y tranquila. Siempre hay cosas para ver y disfrutar.
¡No dejen de visitar la ciudad azul Chefchaouen, en Marruecos!




