Tánger

Llegué a Tánger en ferry desde Tarifa en España. Fue la primera ciudad musulmana que conocí en mi vida y en donde sentí que todo me llamaba la atención. Apenas uno baja del ferry, muchos taxistas se acercan para que los elijas. Todo es bastante desordenado. Hay que estar tranquilo y no desesperar.

Mi primera vez en África. Mi primera foto en Marruecos.

Me alojé en un hostel dentro de la medina, donde en la mayoría de los casos los autos no entran, porque las calles son angostas, con escaleras, cerradas, con curvas extrañas, irregulares, laberínticas. Mi calle es la  Rue Sidi Jalil y es tan angosta que desde mi ventana podía escuchar la charla de mis vecinos de enfrente. Es una calle sin salida además. Tánger está frente al mar. Si hay algo para hacer en una ciudad marroquí, que no falla como plan, es sin dudas, caminar. Eso lo descubrí en Tánger. Los mapas de las medinas no pueden narrar la realidad y Google Maps tampoco ayuda mucho.

Plaza 9 de Abril: es la plaza de la ciudad. Muchas calles nacen aquí. Es posible ver el cine Rif, la gran mezquita Sidi Bou Abib, bares y negocios y la Puerta “bab el Fahs”.Por cualquier calle que salga de esta plaza, algo interesante hay para ver. La plaza tiene palmeras y bancos, donde está buenísimo sentarse  a ver la vida de esta ciudad.

plaza palmeras gente edificios tanger
La movida Plaza 9 de Abril en Tánger.

Una caminata fuera de la medina: tomé el Boulevard de Pasteur, que se transforma en Avenida Mohamed V y luego de andar mucho más de un kilómetro, vi un shopping “Ibn Batouta Mall. El mall es como estar en cualquier shopping o galería comercial de cualquier país  occidental, solo que aquí, en su ingreso, hay un gran atril con la foto del rey de Marruecos. Toda esta zona está llena de negocios, de bares, de pastelerías y de hoteles muy caros. La Avenue Youssef  Ibn Tachfine  donde está el shopping te conduce al mar. Cruzando el transitado Boulevard Mohamed VI, paralelo al mar  hay una gran paseo, una gigante plaza seca “Corniche de Tanger”, con palmeras y mucho espacio para caminar libremente mirando el mar. La playa del centro, no es muy grande, siempre hay gente. Yo me encontré, con pescadores y muchos curiosos ansiosos por ver que había regalado el mar. Muchos hombres y muy pocas mujeres.

Palacio de la Kabash – Museo de la Kabash: Es un hermoso edificio arquitectónicamente hablando. Una de sus salas tiene una cúpula dodecagonal (12 lados). Alrededor del patio central se organizan las salas que exponen la historia material de Tánger, desde la Prehistoria hasta el siglo XIX. Hay también un jardín muy bonito de estilo marroquí – andaluz.

La medina: Acostumbrada a vivir desde que nací, a una trama ortogonal como organización de las manzanas de una  ciudad, una medina, podría decir es lo opuesto en cuanto a cómo se organiza espacialmente  una ciudad. Dentro de la medina todo pareciera caótico y desordenado en una primera mirada. Sin embargo, otras reglas existen al igual que un orden propio. Muchas calles son extremadamente angostas, muchas casas cubren por parte, en altura, las calles, formando túneles. Hay calles sin salida. Hay calles con algunas escaleras de diferentes anchos y escalones. Es muy extraño ver ventanas o puertas iguales. La calle es a veces el patio de las casas, donde todo sucede. Cables, canillas, algunas rejas, macetas, algún cartel, hornos de pan, sogas para colgar la ropa. Los mercados dentro de la medina son excepcionales: todo se vende y se exhibe. Hay muchos colores y olores .No dejen de comprar o aceitunas o dátiles.

Colores , olores y sabores de Tánger.

De todo un poco: Aquí en Tánger vi por primera vez la vida de las mezquitas, los hombres que llegan a ella, se descalzan y se lavan varias partes de su cuerpo antes de entrar. No hay que dejar pasar la oportunidad de comer los panes chatos y redondos que se hacen en los hornos de la ciudad. Hay que tomarse un té con menta, si los agarra la lluvia. Me metí en un bar lleno de hombres que miraban fútbol español mientras tomaban té y fumaban. Afuera llovía torrencialmente. En Tánger descubrí los taxis grupales para viajar a otra ciudad. Yo usé uno para ir desde Tánger a Chefchaouen y les aseguro que fue una muy buena experiencia. Hay que meterse en cuanto lugar uno vea, así conocí el “Marché Central de Poisson de Tánger”, el mercado de pescado, con puestos de venta al público.

vista del puerto de tanger
Vista del puerto de Tánger.

La medina de Tánger es pequeña, pero muy atractiva y es un buen lugar para aprender a perderse por primera vez y tomarlo con calma. Siempre que me perdí, alguien me llevó a donde yo le decía, pero atención, a cambio de algún euro o unos dírhams. Aunque también me encontré con ancianos muy gentiles que no querían nada, solo charlar y acompañarme a destino. Y cuando no me perdí me sentía verdaderamente victoriosa. Tánger fue la ciudad que me entrenó en perderme. Una copiosa lluvia, un día de domingo, me llevó a entrar a un bar lleno de hombres que miraban fútbol español por televisión

tres hombres musulmanes y yo
Señores musulmanes encargados de la mezquita de a la vuelta de mi hostel.

Y fue aquí en Tánger donde escuché en vivo y en directo los llamados a oración desde las torres de las mezquitas a través de los altoparlantes. Para mi suerte, desde terraza de mi hostel podía ver  una torre de una mezquita y con ello la oportunidad de escuchar  con claridad el llamado a orar, muchas veces ya acostada en mi cama. Un sonido del que literalmente me enamoré.