«Hoy es el último día completo en Europa. Mañana sale mi avión a New York y aparte de mis bolsos, me llevo infinitas cosas vistas, sentidas, experimentadas aquí en Europa. ¡Qué bien la pasé estos tres meses acá! Me acuerdo de cuando llegue a Roma, al Fiumicino, entré asustada, sorprendida y me dije: «Nena, ya estás en Europa…» Y desde ese momento empecé a rodar Europa, cada ciudad me atrajo de diferentes maneras. He caminado de día, de noche, con sol, con lluvia, con frío y con algo de calor, con nieve, alegre, melancólica, pensativa. Vi todo lo que pude… anduve mucho. Aquí en Europa conocí el mar. Estos (casi) tres meses son y serán inolvidables. Estoy muy feliz de haber hecho este viaje y que haya salido mejor de lo que me imaginaba. Anduve sola, conocí gente excelente, que tal vez no vea nunca más. En muchos momentos estuve acompañada por gente muy buena. Hay muchas personas que no voy a olvidar, a los que me atendieron bien, a las manos mágicas que me ayudaron con los bolsos, a la gente que atiende las estaciones de trenes, de metro, de colectivos, de puertos, a todas las personas de todos los países que fueron amables, a todos los que me escribieron cartas aquí a Europa, a los que me albergaron en sus casas, al que me indicó que camino debía tomar, a los que me recomendaron lugares, a los que hicieron esfuerzos por entender mi inglés y mi italiano. Esto parece una despedida o algo así, lo que pasa es que este viaje está a una semana de terminar y es hora (no se si es necesario) de reflexionar. En realidad uno anduvo reflexionando todos los días, de diferentes cosas, sacando conclusiones que no quiero sean inamovibles. Por ser el último día completo en Europa, porque todo salió diez puntos y porque ahora soy del plantel de la escuela, me fui a comer a un lindo restaurant en Segovia para festejar todos estos hechos tan especiales para mí. »
Diario de viaje, Madrid/Segovia, España, viernes 3 de marzo de 1995.
