“Reconozco que la vida de playa me aburre un poco cuando estoy sentada sin hacer nada, con gente alrededor en igual situación. Necesito moverme. Caminé hasta las sombrillas auriazules y me metí al mar. Se había nublado y levantado un poco de viento, pero el agua estaba tan caliente, en un mar bastante picado y con olas fuertes, no tanto como las de Praia Branca en Guaruyá. Se largó a llover y mi bolsito negro con lo mínimo que tenía, flotaba en un gran charco. Me quedé igual en el mar un rato, con la lluvia, las olas, mientras la gente se iba. Me fui caminando con el bolsito empapado bajo la lluvia, que no sé cuando paró, pero en el hostel me di un buen baño apenas llegué.”
Diario de viaje, Bertioga, Brasil, sábado 7 de enero de 2017.
