
“Me levanté convencida que tenía que irme a Valparaíso. Tan convencida que fui a correr, a la vuelta me bañé y preparé todo para irme. Pero Sebastián, un chico simpático y atento me hizo saber que no era la fecha de mi viaje por un comentario que le había hecho el día anterior. Con mi sorpresa aproveché para almorzar una ensalada de repollo y zanahoria con queso rallado y tomé un colectivo a Horcón, en el Norte. Horcón es un pequeño pueblito de pescadores, hippies y borrachos que tienen a sus pies una linda playa de caracoles y piedras gigantes. Comí dos empanadas, una de mariscos y la otra de pino (mezcla de carne picada y cebolla) mientras miraba el mar, las rocas grandes con cinco pelícanos, gaviotas, de las cuales unas que estaban a mi lado no dejaban de mirarme… no sé si a mi o a las empanadas.”
Diario de viaje, Viña del mar, Chile, domingo 25 de marzo de 2012.
l
